domingo, 18 de octubre de 2026

XLII Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial 



    Del 14 al 16 de octubre se celebró en Gijón el 42 Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) y el 26 Congreso de la Sociedad de Calidad Asistencial del Principado de Asturias (PasQal), dónde se dieron cita casi 900 profesionales de todas las Comunidades Autónomas de nuestro país y con asistentes de Uruguay, Argentina, México, Perú... entre otros.

    En la carta de presentación del congreso se recordó la importancia de la calidad asistencial en el contexto actual, un contexto inundado de cambios profundos y crecientes retos para los sistemas sanitarios y para la sociedad en general. La calidad asistencial constituye una herramienta esencial para transformar la atención, fortalecer las organizaciones y responder a las nuevas necesidades de la sociedad.

    El congreso estableció como lema "Valores que Innovan. Calidad que Transforma", situando en el centro principios como la equidad, la seguridad del paciente, la sostenibilidad, la experiencia de los pacientes y profesionales, la innovación, el valor del reconocimiento del error y el aprendizaje continuo, como motores reales de mejora y adaptación en entornos inciertos.

    La imagen que encabeza este artículo es del cartel del congreso que se inspiró en la escultura titulada "Solidaridad " de Pepe Noja, que refleja la importancia de la unión, el trabajo compartido, la cooperación, el respeto a la diversidad, la autonomía y la libertad, como claves para avanzar en la sociedad.

    Como presidente de la Sociedad de Calidad Asistencial del Principado de Asturias, y como presidente del comité organizador de este encuentro, tuve el honor de dirigir unas palabras a los asistentes en el acto de inauguración que deseo compartir en este artículo.


Discurso del Presidente del Comité Organizador del XLII Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial.

 Gijón, 14 de octubre de 2026.

"Buenos días a todas y a todos.

    Es una enorme satisfacción daros la bienvenida a Gijón, a Asturias, al XLII Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial y al XXVI Congreso de la Sociedad de Calidad Asistencial del Principado de Asturias.

    Nos reunimos bajo un lema que expresa muy bien lo que nos convoca: «Valores que Innovan. Calidad que Transforma». Y lo hacemos con una respuesta extraordinaria: más de 800 comunicaciones y cerca de 900 personas inscritas, con aportaciones procedentes de todas las comunidades autónomas y también de profesionales en formación. Detrás de cada cifra hay personas, equipos y muchas horas de trabajo para mejorar la atención sanitaria.

    Este congreso tiene, además, un valor diferencial: es un verdadero encuentro entre profesiones y ámbitos distintos. Aquí compartimos experiencias médicos, enfermeras, personal administrativo, celadores, técnicos, economistas, ingenieros y muchos otros profesionales; personas de atención primaria, hospitales y salud mental, de organizaciones públicas y privadas.

    Esa pluralidad refleja la complejidad de la atención sanitaria: el resultado no depende de una sola consulta ni de una sola profesión, sino de muchos profesionales y servicios que deben coordinarse. La calidad mejora cuando aprendemos a comprender esas distintas perspectivas y trabajamos juntos.

    Gracias por estar aquí y por hacer de este congreso un espacio de encuentro, aprendizaje y compromiso compartido.


    Quiero empezar agradeciendo a las instituciones que nos acompañan y apoyan, y a todas las entidades colaboradoras y patrocinadoras que han contribuido a que este encuentro sea posible.

    Mi reconocimiento también al Comité Científico, al Comité Organizador, a la secretaría técnica y a todas las personas que, desde distintos lugares y con mucho trabajo que a menudo no se ve, han hecho posible llegar hasta aquí. Gracias a quienes participan como ponentes y moderadores, y, de manera muy especial, a quienes habéis enviado comunicaciones para compartir experiencias, investigaciones y proyectos.

    Organizar un congreso como este es un trabajo colectivo. Que hoy podamos encontrarnos aquí es el resultado de muchas voluntades que han decidido sumar.

    Quienes trabajamos en calidad asistencial sabemos que la calidad no consiste únicamente en cumplir procedimientos, elaborar indicadores o alcanzar una acreditación. Todo eso puede ser útil, pero solo tiene sentido si contribuye a algo esencial: ofrecer una atención mejor a las personas.

    La calidad es una manera de entender nuestro compromiso con los ciudadanos y con el ejercicio profesional. Es preguntarnos, de forma constante, si lo que hacemos aporta valor, si responde a las necesidades reales y si podemos hacerlo mejor.

    Por eso el lema de este congreso une dos ideas inseparables: los valores y la innovación. Innovar no significa incorporar una novedad por el simple hecho de que sea nueva. Significa encontrar mejores respuestas a los problemas que importan, con conocimiento, responsabilidad y una mirada puesta en las personas.

    Y la calidad tampoco es una meta a la que se llega para quedarse. Es un camino de mejora continua. En este sentido, me gusta recordar las palabras de Eduardo Galeano:

«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

    Tal vez la excelencia sea algo parecido: un horizonte que no alcanzamos de una vez por todas, pero que nos ayuda a avanzar. Lo importante no es proclamar que somos excelentes, sino mantener la voluntad de aprender, revisar lo que hacemos y dar cada día un paso más.

    Para avanzar necesitamos humildad: reconocer que ningún equipo, centro o sistema tiene todas las respuestas. Necesitamos honestidad para mirar con rigor nuestros resultados, reconocer las dificultades y distinguir entre lo que funciona y aquello que todavía debemos mejorar.

    Y necesitamos generosidad para compartir. Compartir lo que ha dado resultado, pero también las preguntas, los límites y los aprendizajes que surgen cuando un proyecto no alcanza lo que esperábamos. Aprender de otras organizaciones y permitir que otras aprendan de nosotros es una de las grandes fortalezas de una comunidad como la nuestra.

    La mejora exige, además, espíritu crítico. No basta con hacer las cosas como siempre se han hecho ni con dar por buena una práctica porque parezca razonable. Tenemos que medir, contrastar, investigar y preguntarnos si los cambios producen realmente una mejora. La evidencia y la experiencia profesional deben ayudarnos a tomar mejores decisiones.

    Todo este esfuerzo pierde su sentido si olvidamos para quién trabajamos. En el centro de la calidad están las personas: pacientes, familiares, ciudadanía y también los profesionales que hacen posible la atención.

    Escuchar a pacientes y ciudadanos no puede ser un gesto simbólico ni una actividad puntual. Sus experiencias deben ayudarnos a definir problemas, diseñar servicios y evaluar si las respuestas que ofrecemos son las adecuadas. Por eso iniciativas como «La voz que abre el debate», que incorpora testimonios de pacientes al inicio de distintas mesas del congreso, nos recuerdan que detrás de cada proceso asistencial hay una historia y una persona que merece ser escuchada.

    Hablar de calidad es hablar también de seguridad, equidad, accesibilidad, efectividad y una buena experiencia asistencial. Es trabajar para reducir diferencias injustificadas, evitar que el lugar donde vivimos o nuestra situación personal condicionen la atención que recibimos, y procurar que los recursos se utilicen de manera responsable.

    Tenemos por delante grandes retos: los avances científicos y tecnológicos, la inteligencia artificial, la transformación de los servicios, la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y las expectativas cambiantes de la sociedad. No podemos ignorarlos, pero tampoco debemos abordarlos desde la fascinación por la novedad.

    La innovación debe ir acompañada de evaluación, criterio ético y responsabilidad. Hemos de preguntarnos no solo qué podemos hacer, sino qué debemos hacer, para quién, con qué resultados y a qué coste para las personas, para las organizaciones y para el entorno.

    La sostenibilidad no es ajena a la calidad. Incluye la capacidad de mantener una atención efectiva y equitativa en el tiempo, cuidar los recursos públicos y reducir el impacto ambiental de nuestra actividad. En definitiva, consiste en pensar también en quienes vendrán después de nosotros.

    Quiero terminar con unos versos de Ángel González, poeta asturiano, que expresan con mucha sensibilidad la tensión entre el esfuerzo que hacemos y la huella que finalmente permanece:

Trabajé el aire.
Se lo entregué al viento:
Voló, se deshizo
Se volvió silencio.

Por el ancho mar,
Por los altos cielos,
Trabajé la nada,
Realicé el esfuerzo,
Perforé la luz,
Ahondé el misterio.

Para nada, ahora,
Para nada, luego:
Humo son mis obras,
Ceniza mis hechos.

… y mi corazón
que se queda en ellos.

    Estos versos nos invitan a pensar qué queda de nuestro trabajo cuando termina un proyecto, cuando se cierra un congreso o cuando quienes lo impulsaron ya no están. Quizá no permanezcan todos los documentos, ni todos los indicadores, ni todas las iniciativas. Pero puede permanecer algo más importante: una idea que alguien hace suya, una práctica que se incorpora a la cultura de una organización, un profesional que aprende y transmite lo aprendido, una decisión que mejora la vida de un paciente.

    Ese es el legado que merece la pena construir. Que lo compartido aquí no se quede en estas salas; que se convierta en preguntas, proyectos y cambios concretos en nuestros centros y servicios. Que lo que aprendamos juntos llegue, de una manera u otra, a las personas a las que atendemos.

    Durante estos días, aprovechemos el congreso para escuchar, debatir, contrastar ideas y establecer nuevas colaboraciones. Hagamos de Gijón un lugar de encuentro y de Asturias un espacio desde el que seguir impulsando una cultura de calidad abierta, crítica, humana y comprometida.

    Gracias por vuestra presencia, por vuestro trabajo y por vuestra voluntad de mejorar. Os deseo un congreso provechoso, inspirador y lleno de conversaciones que continúen mucho después de que termine.

Muchas gracias."

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